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LA TRANSFORMACIÓN DEL HOMBRE EN DIOS

LA TRANSFORMACIÓN DEL HOMBRE


EN DIOS



Diana de los Ángeles



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La imagen de la portada fue tomada de Pixabay.



A Usías, el Trovador dueño del Paraíso, y el Ángel que me acompañó, me apoyó, me protegió y me motivó a escribir esta obra,

¡con toda mi gratitud y con mi perenne Amor!

LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD.



Estas son las tres premisas sobre las que se fundamentaron los derechos del hombre, que como producto de la revolución francesa fueron reglamentados, generando de esta forma unas primarias reglas de justicia que sirvieron de apoyo a las masas para emanciparse del yugo de la dictadura clerical que durante largo tiempo decidió y dirigió el destino de las naciones europeas.


Mas abordemos ahora estas premisas de Libertad, igualdad y Fraternidad como los pilares sobre los que se sostiene la tan necesaria revolución espiritual a la que inexorablemente os veréis todos abocados, ya que la sola re-evolución trascendente y ascendente es la del espíritu, que en fin de cuentas es lo que sois por antonomasia.


Las creaturas volitivas de este maravilloso planeta son buscadoras de la verdad fundamental que os hace libres, en la medida en que la aprehendéis haciendo de ella vuestro escudo protector y también vuestra Fortaleza in-dividual.


Os dije que seríais libres el día en que conocierais la verdad, y es de esa liberación que vengo a hablaros, porque ha llegado el momento de que os remontéis en sus alas.


Libres nacisteis, libres por siempre, quien imponga a otro ser el hacer algo forzadamente, se ata él mismo a su propia imposición.


Vuestro libre arbitrio, es también vuestro derecho inalienable de Autonomía-Divina, y si nacisteis libres como espíritus ha llegado el momento de reventar las gruesísimas cadenas egóico-humanas que os aprisionan, pues sabed que si habéis encarnado en tanto que seres humanos, es únicamente con el propósito convenido por cada uno de vosotros de despertar a vuestra realidad que es eminentemente espiritual, para que transmutéis vuestra humanidad en Divinidad inmanente, dicho de otro modo amados míos: para que se produzca ¡la Transformación del hombre en Dios! Si, habéis oído bien, Dios en cada uno de vosotros, en todas partes Dios, ahora reconocido por su hijo unigénito que sois todos y cada uno de vosotros, el amantísimo Padre-Creador de todas las criaturas, y del que tenéis como gran atributo el Poder, el mismo poder creador para bienestar de la vida doquiera que ella sea.


Así que es vuestra responsabilidad, crear belleza, justicia, paz, Felicidad, salud, abundancia y Amor, en ello es que consiste ser libre, en la recta consciencia de que vuestras acciones deben fundamentarse en expandir vuestro potencial amoroso para bendecir a la vida en todas partes.

El ejercicio justo y coherente de la libertad, os induce en la manifestación de la autonomía del ser que como in-dividualidad es parte conformante del gran todo, mas siempre libre desde el comienzo de su creación, porque el amantísimo Padre que es la libertad, al crearte a su imagen y semejanza te hizo libre por los siglos de los siglos, y esto es una verdad comprobable por si misma, como lo son todas las verdades, que son la clave de la liberación del hombre, que hoy despierta y recuerda quien es y ha que ha venido a este plano evolutivo, entonces el oscurantismo que por largos siglos practicaron las mentes egoístas para manteneros bajo el yugo asfixiante de la ignorancia, ya está viendo su fin, porque la Luz de la verdad liberadora sustentada por las siete llamas Divinas que sostienen la creación, flamea, y en la gloria de su realización, os movéis y despertáis a vuestra majestuosa realidad de ser espíritu puro y trascendente, eternamente espíritu que se erige libre y autónomo por la eternidad.


No permitas bajo ninguna circunstancia que se viole tu natural y legítimo derecho de ser-libre, ni el de ningún ser indefenso, por quien deberás abogar en caso de que sean mancillados sus derechos de ser digno, puro, y valiosísimo, como lo sois intrínsecamente todos, hijos e hijas del Padre todo Amor.


¡Yo Soy el que despierta en el trono de tu bendito corazón, quien te recuerda la verdad que te hace libre, Yo Soy el que Yo Soy… la Luz inmensurable que consume las tinieblas del mundo de las apariencias y de la falsedad!

La igualdad es el otro pilar de la revolución espiritual que deberá realizarse internamente por cada in-dividualidad caminante de la gran avenida terrestre de la evolución.


Sois todos iguales en esencia y en potencia, por tanto todos los ángulos diferenciadores y separatistas creados por vuestra consciencia externa, serán y están continuamente siendo sustituidos por la nueva consciencia unificante, igualitaria, que os declara seres completamente libres e iguales en todos los aspectos que conforman vuestra Divinidad sin orillas, pues Dioses y Diosas sois, y en igualdad de deberes y derechos, os descubrís también iguales en esencia y en potencia, ya que ninguno de vosotros es menos que otro, como ninguno de vosotros puede tampoco ser más que vuestro hermano. En consecuencia, lo único que os hace seres superiores es vuestra nueva y profunda consciencia de Ser-Dios en acción, superior a la antigua consciencia de inferioridad y de incapacidad que os hizo manifestaros durante larguísimos siglos como seres humanos, con todo lo que la egóica humanidad encarnada implica.


Así amados seres que Dios no es un ser superior a vosotros humanos pensantes, Dios es lo que innegable y certeramente sois, es decir seres superiores en consciencia y en Amor, que es vuestra naturaleza manifestar continuamente, para así mismo alcanzar la estatura sin límites de la Divinidad que sois, ahora mismo llamados a manifestar y a honrar, en vuestro propio corazón y en el corazón de toda la humanidad, y también de cada ser mineral, vegetal, animal, sideral, multiversal, seres todos iguales en esencia, más diferentes en la actual consciencia que os ha situado en los diferentes planos de la escalera de la evolución sin fin por la que habréis de transitar, seres iguales, genuinamente puros y perfectos, seres de puro amor, seres de luz, celestes y Divinos seres que ahora se elevan sobre las olas vivrantísimas del mar de la verdad.


Yo Soy la revelación magnificente de lo que sois, y también la clarinada que os transmite en este instante santo, lo que os es dado manifestar, para que se efectúe en vuestros fueros internos la transformación del hombre en Dios… ¡Yo Soy la luz en vuestro corazón!

El ego se complace en crear nuevas y diversas causas de división y diferenciación, como lo son las razas, las naciones, las regiones, las divergentes corrientes políticas, socio-económicas y religiosas, que viven en constante pugna, y que son los grandes generadores de guerras, violencia y desigualdad.


Diríase que en la desigualdad radica la fuerza operante del ego, es decir de la oscuridad reinante en vuestro planeta.


Dividir y segmentar es su consigna, porque el ego que es astuto más no sabio, sabe perfectamente que la unicidad es la premisa espiritual que os libera y os da la fortaleza necesaria para avanzar en vuestra búsqueda.

El ego te pone mil y una trampas para que tropieces y caigas, te quiere preso de sus opresoras garras, te presenta infinidad de sofismas distractorios, como lo son, las trágicas noticias de la “actualidad mundial”, la lujuria a la que sois atraídos por medio de los comerciales, y de toda clase de mensajes subliminales activos en las canciones, y hasta en las campañas políticas y religiosas de las que sois también objeto permanente en vuestra sociedad actual.


Lógicamente el ego desea y pretende perpetuar tu calvario en su mundo de sombras, desolación profunda, muerte, carencia de todo lo bueno y perfecto, imposibilidad y dolor.

Y que ha sido la ya milenaria guerra entre razas sino un absurdo estratagema creado por el ego, para manteneros alejados de la luz de la consciencia de igualdad y unicidad que os propulsa y os hace ver y sentir hermanos de todos los seres y de todas las cosas.


La guerra entre razas y todas las guerras han tenido su origen en esa creencia tan arraigada en los hombres de desigualdad, en todos los sentidos y en todos los grados posibles, que os ha convertido en enemigos paupérrimos de vuestros propios hermanos, por el solo hecho de haber nacido en otra nación, tener otro color de piel, hablar otra lengua, comer vestir y actuar de manera diferente a la vuestra, porque no veis en los diversos rasgos culturales y raciales la riqueza infinita que ha puesto frente a vuestros sentidos el sublime Padre-creador, no podéis o no queréis ver que es en las supuestas diferencias que radica vuestra inherente igualdad, y la necesidad imperiosa de que os unáis, no tan solo como una sola raza, sino como un solo ser… hermano con hermano, para que conforméis así el gran corazón de la vida que es universal y Divina, como lo sois vosotros células resplandecientes del gran todo.


En la igualdad se halla vuestro punto de unión, y unidos sois fuertes, invulnerables y ciertamente poderosos, porque una rama trunca fenece en la penumbra de su aislamiento, mas es en vuestra compleción manifestada, que alcanzáis la supremacía de ser y de poder, y no es a la igualdad de ser idénticos en cuanto a las características que definen a cada raza y a cada nación, o a cada secta política o religiosa que os hago referencia, sino a la igualdad que os confiere la aceptación consciente de saberos hermanos, hijos e hijas de Dios, todos provenientes de la misma naturaleza Divina, y hasta de la genealogía que os hace diversamente ricos en posibilidades y formas, pero iguales en trascendencia, y en la espiritualidad a la que os remontáis a través del vuelo sin tregua de vuestra iluminada consciencia.


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