Excerpt for El Maestro de la Realidad by , available in its entirety at Smashwords

El Maestro de la Realidad


EL MAESTRO DE LA REALIDAD

Vivencias en un despertar

por Jesús Chenoll Alfaro





***-***





INDICE DE CONTENIDOS

Agradecimientos

Introducción

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Capítulo XIII

Capítulo XIV



Capítulo XV

Capítulo XVI

Capítulo XVII

Capítulo XVIII

Capítulo XIX

Capítulo XX

Bibliografía

Películas Citadas

Derechos y Licencia

Internet y Redes Sociales





**-**





AGRADECIMIENTOS

Agradezco de corazón el trasvase de enseñanzas que me proporcionaron y aun lo hacen, diferentes “Mensajeros”, sin duda colaboradores de la inteligencia Universal, durante esta nueva experiencia: Enric Corbera, Jorge Lomar, Sergi Torres, Emilio Carrillo, Yoshinori Noguchi, Lise Boureau, David Hawkins, Wayne Dyer, Neal Donald Walsh , Gregg Braden, Helen Shucman y a todos y todas las que también aportaron sus mensajes mediante enriquecedoras lecturas, canciones, documentales y películas que fueron apareciendo en esta travesía interior.

También a mi hermana Cheni y a mi Maestra de aikido en Colombia Adriana Llanes, por haber canalizado hasta mí las primeras pistas que me motivaron a investigar y encaminarme en este viaje.

Y a todos los Maestros y Maestras conocidos o no, que me han servido de espejo en cada día a día; en especial: mi pareja Vivian Valdes, mis padres, hermanos e hijos, a mi ex mujer, amigos y supuestos enemigos. Todos y todas me han ayudado a poner en práctica las enseñanzas recibidas.

A ellos y a ellas, Gracias de corazón.

Dios os bendice.





**_**





INTRODUCCIÓN

Este relato nace del impulso interior de poder compartir las experiencias sentidas durante lo que puedo denominar “mi despertar” del mundo de las ilusiones.

Partiendo de una forma de pasar por la vida en “modo marioneta”. Programado por infinitud de creencias sobre cómo es la vida y cómo se ha de vivir, atendiendo a ciertos márgenes de libertad para escoger lo que nuestra conciencia anestesiada y manipulada nos hace creer que es: nuestro mundo.

Llega un momento en el que a pesar de ciertas ilusiones de alegría, de felicidad, de pinceladas de Amor en sus múltiples formas, en el interior hay algo que no termina de funcionar bien y nuestro corazón así lo siente.

Después de una búsqueda frenética de nuestros vacíos en el mundo exterior, nos damos cuenta de que no encontramos la Paz que nos debe hacer sentir amados, protegidos, sanos y salvos.

En este relato personal, explico cómo llegó un momento en el que mi propio Ser, dijo que hasta aquí habíamos llegado. Que ya llevaba muchos años navegando por la experiencia terrenal sin una brújula de apoyo, o si la llevaba no sabía que la tenía y si lo sabía, no tenía el enfoque correcto para saber usarla.

A través de lo que escribo pretendo ir situando en un espacio de tiempo relativamente pequeño las diferentes enseñanzas que fueron apareciendo ante mí. Ellas fueron las causantes de que hasta ese momento, mi manera de ver y sentir mi mundo y el de los demás, fuese transformándose poco a poco hacia una nueva percepción. Con menos dosis de ilusiones e irrealidades.

Es “mi despertar” lo que trato de relatar, sin ánimo de convencer o seducir a nadie que pueda leerme. Es como un mapa personal que quizá pueda ayudar a otras personas a plantearse el que actualmente usan, incluso a reflexionar sobre si son conscientes de disponer de uno propio o por el contrario, usan el mapa que no les pertenece o se les impone sin darse cuenta.

La propuesta que les hago a través de este libro es la de conocer cómo una persona manejada por el Miedo en sus múltiples formas de manifestación, puede ir corrigiendo el rumbo y deshaciendo una serie de pensamientos, sentimientos, palabras y acciones cuya esencia es la de no permitirnos sentirnos como lo que en verdad somos: Plenos, inocentes, sanos y salvos.

Al igual que a mí me sucedió, todo llega cuando así tiene que ser, no hay casualidades sino eventos sincronizados. Espero que la lectura de este libro le sea de provecho y le ayude a reflexionar y a crecer tal como lo que relato en estas páginas transformó mi vida.

Jesus Chenoll

Abril 2017





***-**





CAPÍTULO I

Tengo 53 años y desde los últimos tres, miro la vida de otra manera a cómo antes lo hacía. Bueno, creo que antes no la miraba de ninguna manera en concreto. Simplemente me dejaba llevar por la inercia. No una inercia fluida y consciente, sino algo así como dejarme llevar por la corriente. Una corriente de lo que se supone que debía hacer, pensar, sentir, hablar y actuar.

Encontrarme con Él marcó un antes y un después en mi vida. Un cambio sutil. Una especie de transición entre mi anterior enfoque perceptivo de las personas, de las “cosas” y los casos, que construían mi entorno. Una transición desde el Miedo, en sus múltiples facetas de expresión, hasta el Amor, también en sus variadas maneras de expresarse.

Sí, miedo con sus múltiples disfraces. Muchos miedos en mi vida, aprisionando y encorsetando mi experiencia, en este lapso de tiempo y espacio que hemos construido y convenido los humanos que comprende: desde nuestro nacimiento hasta la muerte.

Gracias al Maestro de la Realidad y a través de sus enseñanzas clarificadoras, pude ir identificando las raíces de las que provienen tantas y tantas ilusiones engañosas. Ilusiones que han ido calando en mi mente desde: la más tierna infancia, la niñez, la juventud, la edad adulta con sus etapas de desarrollo personal, hasta estos días.

Todas estas ilusiones engañosas fueron construyendo un personaje: Mi Personaje. Un individuo que iba avanzando en su experiencia, guiado por otras personas conocidas o no. En muchos casos manipulado o chantajeado emocionalmente, con un estupendo armario imaginario lleno de disfraces dispuestos para su uso, según fuese necesario para cada ocasión. Todas estas ocasiones y sus respectivos disfraces, basadas en el alivio, en mayor o menos medida, de una forma de expresión de Miedo. Un Miedo que escogía la necesidad de interpretar diferentes papeles ante “los demás”; de candidez y ternura para llamar la atención respecto a mis supuestas necesidades de recibir amor, de dureza o rudeza para aparentar fortaleza como defensa ante ataques imaginarios, de seducción y romanticismo para venderme como candidato a ser amado y así un largo número de interpretaciones, con su vestuario y attrezzo incluidos.

Gracias al Maestro de la Realidad, mis ojos, y no los del cuerpo, sino los de mi alma, pudieron irse abriendo a tanta mentira. Esta apertura me iba permitiendo entender las situaciones y a las personas involucradas en ellas, y sobre todo: entendiéndome a mí mismo.

Sobre todo, el Maestro de la Realidad me enseñó, me fue guiando hasta el momento adecuado en el que poder decidir entre las únicas dos alternativas que, en verdad, existen: abordar las situaciones desde el Miedo o desde el Amor. Me mostraba claramente (pero muy claramente), las causas y los efectos que se derivan de escoger una u otra elección.

El Maestro de la Realidad, no es muy teórico, es verdaderamente práctico. A lo largo de nuestra experiencia de aprendizaje-enseñanza compartiéndola juntos, él se encargaba, y lo sigue haciendo, de irme presentando ejemplos basados en mi propia experiencia vital. Al hacerlo de esta manera, la enseñanza es directa, transparente, sin intermediarios ni ejemplos basados en las vivencias de otras personas.

¡No, de eso nada!, allí estaba “aquella situación” en un periodo de mi vida, conmigo y todos los demás “personajes” involucrados, como si estuviese viendo delante de mí una repetición grabada en vídeo.

Una vez concretada en el espacio-tiempo la correspondiente situación, el Maestro de la Realidad me fue mostrando, a través de diferentes métodos, las ilusiones o engaños que la construyeron y que dejaron huella en mi mente; a veces de forma consciente y la mayoría de veces inconscientemente. Es increíble cómo puede uno ser manipulado por todo un conjunto de “creencias” nacidas desde diferentes focos, que a la larga, se convierten en las “verdades absolutas” que uno acepta y cree a capa y espada, incluso hasta la sinrazón.

Una de las claves en este punto de la enseñanza es entender el concepto percepción y su influencia en nuestro día a día. El Maestro de la Realidad me enseñó, a través de muchos de sus colaboradores, a entender este mecanismo mental y qué influencia mantiene sobre nuestra manera de entender, principalmente, nuestras relaciones.

Relaciones en todos los sentidos: con nuestros familiares, los amigos, nuestras parejas, compañeros de trabajo, extraños que se cruzan con nosotros, con nuestro entorno, la naturaleza, etc…

La percepción, definida de una forma sencilla, es nuestro mecanismo mental para interpretar en nuestro cerebro las energías que llegan a nosotros a través de los cinco sentidos oficiales; tacto, gusto, oído, olfato y visión; así como de los no oficiales.

Existen muchos ejemplos de metáforas para entender qué es la percepción y en base a qué interpretamos dicha información sensorial y la convertimos en nuestra “forma de mirar el mundo”. A mí me resonó la siguiente desde el punto de vista informático: Nuestro verdadero Ser, nuestro Espíritu, dispone durante la experiencia física terrenal de nuestra Mente, que es como un sistema operativo, como Windows o Linux. A este sistema operativo se le van añadiendo programas o aplicaciones que van dando funcionalidad y prestaciones a la computadora, como un procesador de textos, una calculadora, un juego, etc. En nuestro caso esos programas podíamos compararlos con nuestras “creencias”.

Esas creencias pueden estar instaladas en nuestra mente desde hace mucho tiempo, provenientes de nuestros ancestros, de nuestros padres, grupos sociales, de la sociedad en la que nos movimos, su educación, sus modas, medios de comunicación, etc.

Cuando recibimos un estímulo sensorial , ya sea mediante la vista por ejemplo, esos programas interpretan la imagen recibida y nos proporcionan una respuesta basada en las órdenes cargadas en esos programas-creencias; es decir, si nos cruzamos con un persona de otra raza, nuestra interpretación será diferente si tenemos un programa cargado con pensamientos o ideas de tolerancia, diversidad, respeto o bien distinto si esos programas llevan pensamientos o ideas racistas de odio, rencor, violencia y demás derivados de la no aceptación de otros seres humanos por excusas tan arbitrarias como por ejemplo: no considerarlos iguales por el hecho de tener otro color de piel, ser de otro país o cualquier otra creencia.

Más adelante volveré a sacar el tema de la percepción y algunos de sus derivados, como son las ilusiones de: Necesidad, Fracaso, Competencia, Juicio y la Condena.

Sí me gustaría hacer hincapié en la enorme influencia que tuvo sobre mí la percepción basada en las creencias adquiridas a lo largo de mi experiencia terrenal.





***-**





CAPÍTULO II

Una vez efectuado este pequeño preámbulo, pienso que es un buen momento para contar cómo encontré al Maestro de la Realidad, aunque en realidad, estoy seguro de que fue él el que vino a buscarme, o mejor dicho a rescatarme. ¡Bendito seas Maestro! Siempre agradecido a la Divinidad por enviarme un regalo tan hermoso.

En el año 2012 yo había cumplido 48 años. “- Casi medio siglo de existencia -“ decía para mis adentros. Siempre he tenido la sensación de ir acumulando muchas experiencias, de haber vivido intensamente gran parte de ellas. Como si de un archivo vivencial se tratara y lo fuese consultando: historias de la niñez, una adolescencia plena, una juventud condicionada, una primera etapa del desarrollo adulto sin darme cuenta de ello, y con el paso del tiempo añadiendo más etapas y sus vivencias.

Volviendo al 2012, durante la primera parte de ese año, mi vida me había llevado a varias situaciones concretas relacionadas con mi trabajo y con mi matrimonio. Respecto al trabajo, me había quedado sin empleo. Respecto a mi matrimonio, me había quedado sin esposa (por un proceso de divorcio) y casi sin hijos. Viviendo en un pequeño apartamento financiado por, en mi caso, los salvadores de siempre, ángeles trabajando su rol: el de mis padres.

En el ámbito laboral, además de no tener empresa donde trabajar, a la situación se le añadía más emoción, pues se cruzaba el tema emocional de la ruptura de pareja.

Eso suponía el convivir con el componente de que, después de una dura batalla llena de odio y rencor con la mujer con la que estuve treinta años juntos, el hecho de no tener recursos financieros se percibía como una victoria para ella. Sí, así se percibía respecto a tener que hincar mis rodillas y comerme mi orgullo y arrogancia por haberme marchado de forma victoriosa del hogar conyugal y ¡bla, bla, bla!…

Esta última forma de expresarme no es despectiva sino que, lo que intento, es reírme yo mismo de todas las ilusiones y engaños que me monté, en mi mente, en esos momentos.

Mucha presión en mi cabeza, condimentada con tristeza, rencor, odio, ansiedad y demás derivados de no ser conductor consciente de mi vida. Echar balones fuera por todo, la culpa en un alto porcentaje siempre era de “los demás”. A pesar de mis berrinches y mis noches oscuras del alma, se produjeron unos acontecimientos que, a la postre, desembocaron en el inicio de una nueva etapa en mi vida.

En el año 2012 un día envié un “curriculum vitae” o una “Hoja de vida” como dicen en Colombia, a una empresa que ofrecía un puesto de Consultor Internacional para la zona de LATAM (Latinoamérica). Me llamaron, pasé las entrevistas y quedé a la espera.

Para mí, aparte de volver a incorporarme al mercado laboral y por tanto disponer de recursos, el resarcir mi autoestima y darle en las narices a mi exmujer (ya que parecía que se alegraba de mis desgracias), el puesto ofrecía un aliciente más: conllevaba viajar, salir de España por periodos de 15 días cada mes. Eso suponía irme, alejarme. Después el Maestro de la Realidad, me demostró que en verdad era “huir”, escaparme de mis miedos, de las ilusiones engañosas, buscando alivio fuera, sin darme cuenta de que, todos esos miedos, los iba a meter en la maleta también.

Lo siguiente que cuento lo comprendí posteriormente pero no en el momento que sucedió.

La empresa me había comentado que, en unos días, me confirmaba si finalmente me aceptaban o no. Yo pensaba que sí, pues en verdad salí de las entrevistas con un ánimo estupendo. Sabía que encajaba en sus necesidades y ellos en las mías. El asunto se retrasaba, la llamada no llegaba, así que me decidí a insistir y finalmente, me puse en contacto y recibí la respuesta: “-lo sentimos pero el puesto ha sido para otro candidato -”. El jarro de agua fría fue impactante. Mis expectativas, todas ellas, al cajón de los desastres.

Pasaron unos días, un par de semanas tal vez, en las que se fue diluyendo mi desilusión y trataba de seguir con mi búsqueda activa de empleo. Un día, sonó mi teléfono: era la empresa que hacía unos días me había rechazado y su candidato, finalmente, no se ajustaba a lo necesitado, por lo que me llamaban para ver si seguía interesado en el puesto. Creo que pocas veces me he cambiado tan rápido y mi coche ha circulado tan rápido para llegar a tiempo a una entrevista. El Director Internacional quería conocerme antes de salir para Panamá. Y allí estuve; hubo empatía y se puso en marcha el proceso necesario para irme al cabo de 15 días a Bogotá. ¡¡¡Biennnnnnn!!! ¡¡¡Toooomaaa!!!

Estoy convencido de que ese fue uno de los momentos en los que el Maestro de la Realidad me echó el ojo y ya sabía que yo necesitaba de sus servicios.

Para poder situar al lector en el contexto en el que apareció el Maestro, he pensado conveniente seguir detallando algunos aspectos de mis viajes a Colombia y lo que allí aconteció durante mi estancia.

Finalmente allí estaba yo, sentado en un Airbus 320 con destino Bogotá. Colombia, mi primer viaje transcontinental, con muchas ilusiones, con una sensación de escapada total y además ganando una buena remuneración económica, lo que me ponía en ventaja respecto a las “supuestas· envidias y maldiciones de mi exmujer. Un ejemplo más de cómo mis Miedos y mi Ego manipulaban la realidad, mediante esos programitas de los que hablé anteriormente. Con ellos (los programitas), me proporcionaba momentos de placer temporal y fantasioso pero también y bajo mis pies, pisaba una interminable alfombra de dolor y sufrimiento.

Durante la duración del vuelo, unas diez horas más o menos, iba dándole trabajo a la mente y, como suele ser habitual hasta que uno va comprendiendo las enseñanzas del Maestro de la Realidad, la mayoría de los pensamientos eran de Miedo.

Miedo al vuelo, a una catástrofe, miedo a desempeñar bien o mal mi trabajo, miedo a Colombia en sí, recordando las informaciones habituales de las noticias en España: territorio de violencia, guerrilla, secuestro, narcos, etc… Los programas instalados en mi mente trabajando a pleno rendimiento: ¿y si se cae el avión? ¿Y si esto y si lo otro? Menos mal que aun a pesar de esto, he de tener instalados otros programas que, hasta la fecha, me habían hecho sentirme emprendedor, viajero, seguro pues acababa de obtener mi grado de cinturón negro segundo Dan en un arte marcial japonés llamado Aikido, trabajador, con sentido de la autoestima, buen humor, etc…

En ese primer viaje, mi percepción de todo se hallaba claramente influenciada por muchos de los temores comentados anteriormente, pero en ese viaje, sucedió algo que marcó un nuevo hito en este proceso de cambio de interpretación de la forma de percibir mi mundo.

El Maestro de la Realidad me enseño el concepto de “sincronicidad” y cuando ésta, suele estar en condiciones de manifestarse. Y eso fue lo que sucedió.

Justo en la acera de enfrente del Hotel donde me alojaba había un puesto municipal de venta de cigarrillos, recargas de celulares, bebidas y aperitivos. El puesto estaba y está actualmente regentado por una Señora de unos 60 años, de raza negra, de nombre Gloria. Era una mujer amable, cariñosa y muy trabajadora; cuando yo volvía de mis reuniones y tareas, solía ir a comprarle varios artículos, charlábamos un rato y se puede decir que hicimos una pequeña amistad. Un día ella no tenía cambio para devolverme por un paquete de cigarrillos que compré y me lo fio, desde la confianza de que al día siguiente se lo pagaría.

Y así fue, al día siguiente cruce la calle, me dirigí al puesto y junto a ella, de espaldas a mí, se hallaba una mujer joven, de unos treinta años. Según me acercaba ella se dio la vuelta y nos cruzamos una mirada. Esa mirada fue el detonante de una reacción que dura hasta el día en el que escribo estas palabras y de corazón espero que dure mucho, mucho más…ella es actualmente mi pareja.

Con el tiempo y la guía del Maestro de la Realidad he comprendido que no existen las casualidades, incluso las “causalidades”, en este caso, era un claro ejemplo de sincronía.

Ese encuentro y esa relación que se formó en aquel instante trajeron a mi apartado emocional a una gran Maestra. Un gran espejo donde poder mirarme honestamente y aprender, a través de ella, a sanar muchas de mis ilusiones fantasiosas sobre la pareja y otros ámbitos del entorno de nuestro día a día.

Este encuentro, enganche de miradas y corazón, marcó los meses y años posteriores. Aunque yo iba y venía de Bogotá a Madrid, en mi mente permanecía la idea constante de querer volver a Colombia, para estar allí, para “ser” con ella. He aprendido que una cosa es “ser” y otra “estar” con alguien.

En ese periodo y hasta que finalmente me establecí en Bogotá de manera fija, mi día a día en España pasaba por momentos de turbulencias en varios frentes. Por un lado la maltrecha relación con mi exmujer, un hermano mío enfermo de cáncer que finalmente falleció en las navidades del 2013, mi adicción a los “estimulantes” para sobrellevar los periodos de bajón y así varias cosas más que me hacían deambular sin sentido alguno por la vida. Es cierto que con momentos de placer en bastantes ocasiones, pero al fin y al cabo, había un enorme vacío en mi interior y ello se reflejaba también en mi estado físico.

Estando ya establecido en Bogotá, tenía motivos para estar contento por cómo había ido saliendo del bache en el que había caído en Madrid en los últimos años. Ahora vivía en un apartamento en la zona financiera de la ciudad, a gastos pagados y con mi sueldo íntegro para atender lo que mi ego me marcaba como necesidades y caprichos. Tenía un buen puesto de trabajo, relaciones sociales, encontré un estupendo lugar para poder seguir entrenando Aikido, tentaciones de todo tipo y por todas partes, una estupenda novia y pese a todo, algo no funcionaba en mi interior.

Eso me llevó a seguir comportándome como un imbécil en muchas ocasiones, llevado por mis rabietas, falsas expectativas, necesidades ilusorias, victimismo en la búsqueda de amor, de cariño y, aunque después comprendí que no carecía de ello, en ese momento mi percepción errónea me cegaba la visión, los pensamientos, mis sentimientos y al fin mi forma de hablar y de actuar.

El Maestro de la Realidad ya me seguía la pista desde hacía tiempo. Escogió aparecer de forma sutil, indirectamente a través de otras personas primero y de esta manera darse a conocer, poco a poco y sin que yo me diera cuenta, con mi total aceptación. A mi entender, su aparición pudo deberse a los acontecimientos que me llevaban a una manifestación física de mi estado mental, una dolencia en mis riñones. Esa dolencia empezó a empeorar y además yo la hacía empeorar más y más con mi estado emocional.





***-**





CAPÍTULO III

El Maestro de la Realidad dispone de múltiples y variopintos canales para comunicarse. En mi caso, y dado que yo permanecía anclado en mi pesadilla de enfermedad llegó a través de dos personas muy distintas, que no se conocen la una a la otra (bueno, por lo menos en este plano terrenal) y a las que profeso mucho cariño y aprecio.

La primera de ellas fue mi maestra de Aikido en Bogotá, una gran mujer, que me acogió en su Dojo como un hermano más, sin preguntas, sin porqués. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que fue otra sincronicidad en la que el Maestro de la Realidad tuvo mucho ver. Adriana, mi maestra, sabía y conocía de mis preocupaciones, de mi estado mental y un buen día me propuso una lectura con la intención de que los mensajes contenidos en ese libro pudieran ayudarme de alguna u otra manera. Ese libro se llama “La ley del espejo” de Yoshinori Noguchi.


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-11 show above.)