Excerpt for Los Dioses y Diosas Griegos viven en tu interior by
& , available in its entirety at Smashwords

LOS DIOSES Y DIOSAS GRIEGOS

VIVEN EN TU INTERIOR



By

Inés M. Martín & Rubén González



Smashwords Edition



Copyright 2017 Inés M. Martín & Rubén González

All rights reserved. No part of this book may be reproduced in any form without written permission from the authors.



*******



Smashwords Edition Licence Notes

This ebook is licensed for your personal enjoyment only. This ebook may not be re-sold or given away to other people. If you would like to share this book with another person, please purchase an additional copy for each recipient. If you’re reading this book and did not purchase it, or it was not purchased for your use only, then please return to Smashwords.com and purchase your own copy. Thank you for respecting the hard work of this author.



*******



Diseño de cubierta: I. Martín

Todos los derechos protegidos. Esta obra no podrá ser reproducida total ni parcialmente mediante procedimiento alguno, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, sin la autorización escrita de los titulares del copyright.



*******



http://www.actiweb.es/conocimientointerior/

http://inesmariamartin.blogspot.com.es/

http://revistaconocimientointerior.blogspot.com.es/



*******



LOS AUTORES

Inés M. Martín es Licenciada en Derecho y Titulada superior en Griego Moderno. Tras diez años de ejercicio profesional de la abogacía centró su actividad en la investigación sobre el mundo psíquico y espiritual del ser humano. Escritora y entrenadora psico-emocional, formadora en el ámbito del Crecimiento personal y Desarrollo de Valores, ha acumulado años de experiencia en la divulgación de temas relacionados con el autoconocimiento, el desarrollo interior y su relación con antiguas culturas, impartiendo regularmente Cursos, Seminarios y conferencias. Es editora y redactora de la revista digital gratuita "Conocimiento Interior"

Rubén González es Licenciado en Derecho y Titulado Superior en Griego Moderno. Ha publicado varios libros y artículos sobre sus investigaciones y su experiencia en la divulgación de temas relacionados con el conocimiento interior y su relación con las antiguas civilizaciones, especialmente con las culturas griega, maya y egipcia. En sus cursos y seminarios, así como en sus libros, aborda los temas que desarrolla desde un punto de vista, no sólo histórico y antropológico, sino también, y especialmente, simbólico y espiritual.

Otros libros de los autores:

"Los Mayas y el conocimiento interior" (en castellano y en inglés), "Pitágoras y la nueva conciencia", "Popol Vuh comentado, visión espiritual del mito maya", "Los Versos Áureos y la Escuela de Pitágoras", "Dioses y Héroes de la Mitología Nórdica", "Conócete a ti mismo. La palabra de Sócrates" Tao Te Ching, el Poder Interior, Practicando Zen, Practicando la Relajación, Practicando la Sabiduría Hermética. La transformación de la vida a través de los 7 principios herméticos, "Platón despertar a la Luz. Mitos Comentados"

*******



TABLA DE CONTENIDO

El Mito: Puerta hacia el desarrollo interior

Los Dioses que se repartieron el mundo

Zeus, el Padre Celestial y Terrenal. La Razón, el Orden y el Intelecto

Las Diosas

La Gran Madre: La Red de Vida que une todo lo existente

Hera, la Reina del Cielo. La esposa, el alma espiritual

Poseidón y la Fuerza Emocional

Hades el Invisible. El que dispensa riqueza. El subconsciente

Deméter-Perséfone

Hestia, el Fuego Interior



*******



NOTA

El presente libro constituye la primera parte de un proyecto que abarca el estudio de los principales dioses y diosas olímpicos en su vertiente psicológica y espiritual. En el libro dedicado a la segunda parte se desarrollarán los arquetipos correspondientes a Apolo, Dionisio, Artemis, Atenea, Hermes, Ares y Afrodita.



*******

EL MITO: PUERTA HACIA EL DESARROLLO INTERIOR

La mitología en general, y la griega concretamente, no es solamente un conjunto de historias más o menos imaginadas o inventadas por los antiguos para explicar las fuerzas y fenómenos naturales. Esta sería una visión muy elemental, superficial y pobre.

La mitología es mucho más que eso. Para los griegos era la base de su cultura y algo fundamental en la vida cotidiana. Desde niños, su educación estaba basada en dos grandes obras literarias griegas “La Ilíada” y “La Odisea”, atribuidas a Homero. Esa era la fuente de principios, valores humanos, morales, sociales y espirituales que cada uno debía desarrollar. De esta forma, a través del Mito se formaban ciudadanos íntegros y capaces, sensibles e inteligentes. Grecia no hubiera podido llegar a ser lo que fue sin sus mitos, sin sus dioses y sus gestas heroicas. Nuestra forma de pensar, sentir y vivir es herencia griega. Por eso quizás sus héroes y personajes nos resultan tan familiares y tan cercanos sus Mitos. Su filosofía y mitología contribuyeron a formar una civilización que, adoptada más tarde por los romanos, se expandió por medio mundo.

El Mito relata eventos del tiempo de los orígenes para estimular la reflexión sobre el presente y la condición del hombre. En estos tiempos, carentes por sí mismos de significado para muchos de nosotros, los dioses y héroes griegos siguen planteando y resolviendo las preguntas trascendentales del ser humano contemporáneo y actuando como paradigma y guía que conduce hacia la elevación psico-espiritual. La mitología griega, no sólo se transmite a nivel cultural de generación en generación, sino que es vivida psicológicamente por cada persona a lo largo de su existencia, sea consciente de ello o no.

El relato mítico se desarrolla en una dimensión espacio-temporal propia. Contiene hechos trascendentes que tienen lugar en un tiempo diferente al actual al que los antiguos egipcios llamaban "el no tiempo", y en un espacio sagrado que más que físico es interno. Este tiempo y espacio míticos están llenos de significado y los hombres podían recuperarlo, podían volver a la dimensión mítica espacio temporal, a la época dorada en la cual hombres y dioses vivían juntos. Aunque fuera momentáneamente, se revivía la realidad mítica a través del ritual, ya fuera en las fiestas religiosas, la iniciación, u otro tipo de ritos. Así, recuperando el espacio sagrado a través de la repetición del mito, se daba sentido a la realidad y a la propia vida, que se veía conectada con lo espiritual. Actos cotidianos pasaban a conectarse con lo eterno y lo imperecedero. La mitología actuaba como un portal hacia realidades supra humanas.

En este sentido, los hombres y mujeres de la antigüedad clásica comprendían su propia existencia en el contexto de los dioses y las diosas; no sólo les rendían culto, sino que eran algo vivo y cercano. Buscaban la inspiración de los dioses en todos los aspectos de su vida cotidiana. Todo el mundo sabía que una determinada profesión, función o papel en la vida debía ser colocado bajo la protección de un dios. Por ejemplo, las tejedoras se colocaban bajo el amparo de la diosa Atenea, la experta en todas las artes, pero sobre todo en la de tejer; los herreros y artesanos bajo el amparo de Hefesto, el dios hábil en la forja de metales y el dominio del fuego; los navegantes invocaban a Poseidón para que les concediera un mar en calma. Todo ello en la época cristiana fue sustituido por los santos y patrones de los distintos oficios y profesiones. En la antigua Grecia, no sólo profesiones determinadas estaban bajo el amparo de los dioses, sino que también a nivel personal se rendía culto y se presentaban ofrendas en los altares de los dioses cuya ayuda se necesitaba en cualquier ámbito de la vida. Esto es algo que ha desaparecido en nuestra sociedad actual al perder la conexión con el mundo espiritual. Los antiguos invocaban al dios Ares en las batallas o para superar las dificultades de la existencia, a la diosa Afrodita para ser correspondidos en el amor, a Hestia para hacer de una casa un hogar cálido y entrañable, a Hermes para que protegiera su casa, les trajera prosperidad y les guiara en los caminos de este mundo y del Más Allá, a Artemisa, en el caso de las mujeres, para tener un parto sin dolor ni complicaciones, a Hera para que protegiera su matrimonio, y así un largo etcétera. Los dioses influían auténticamente en sus vidas, eran parte de ellas y se les rendía homenaje.

Para las personas de hoy en día, los dioses y diosas ya no forman parte de una estructura religiosa, social ni educativa, pero existen como arquetipos psicológicos. Los dioses y diosas residen en el corazón de cada hombre y de cada mujer como energías a las que en otro tiempo se dotó de forma, nombre y atributos. Los mitos son un vehículo para la comprensión de los arquetipos que actúan en nuestra psicología cotidiana, pues ellos delinean los modelos psíquicos que nos influyen.

En los relatos míticos se describen los momentos más íntimos de la vida de una persona, como enfrentarse a los miedos y temores, enamorarse, encarar las dificultades externas e internas presentadas bajo la apariencia de monstruos, tener hijos, desarrollar el sentido de la justicia, el valor de la amistad, etc. Al igual que la música, la mitología es un instrumento adecuado para transmitir los sentimientos y los avatares del corazón. No podemos describir eficazmente un relato mitológico en términos estáticos, pues al hacerlo lo despojamos de su cualidad de "viviente". Generalmente, no existe en la mitología griega una única versión de un mito porque durante muchos siglos los relatos míticos vivían, respiraban y se modificaban según las necesidades humanas.

El mito no nos habla con la lengua de la razón y el intelecto, utiliza el lenguaje simbólico de la imaginación y del subconsciente, cuyas respuestas no se "conocen" de forma racional, sino que se perciben, se captan y se sienten. La palabra del mito es el símbolo, bajo su comprensión las imágenes de la vida diaria que nos resultan familiares se llenan de un significado diferente, y el relato mítico se convierte en un portal de acceso a otros niveles de comprensión diferentes del habitual. El fuego, el agua, una roca, un águila, una serpiente, un cetro, un toro, un árbol, una manzana, o un caballo, aspectos conocidos en todo el mundo, asumen un significado simbólico en un contexto determinado, huyendo de la comprensión meramente racional, y se conectan con nuestro mundo interior más ancestral y desconocido, abriendo una ventana interna hacia una percepción de la realidad diferente de la habitual.

Desde el punto de vista simbólico, la mitología griega es universal. Sin entrar en la controversia de si describe acontecimientos reales o fantásticos, lo cierto es que su valor como “guía interior” es inestimable. Mediante símbolos y alegorías nos habla de nosotros mismos, de la senda interior, del gran viaje hacia la perfección y el despertar. Sus dioses y diosas, héroes y heroínas, monstruos y gestas viven dentro de cada ser humano independientemente del lugar y la época porque el mito se desarrolla en un “espacio interior” fuera del tiempo, transmite una enseñanza universal que, por lo tanto, es válida y muy útil para el ser humano actual, para cada uno de nosotros.

La mitología de la antigua Hélade nos transmite una concepción del mundo, del universo y de las energías internas del ser humano, que, en sus aspectos esenciales, es idéntica en todos los pueblos. Hay coincidencias asombrosas entre los símbolos de diversas culturas que, variando su forma, son idénticos en su esencia, pues se refieren a una única y misma verdad, expresan principios y enseñanzas eternas. La mitología se convierte así en un camino simbólico de autoconocimiento y superación interior y el mito en una puerta y una vía hacia el desarrollo íntegro en los niveles humano, social, psicológico y espiritual.

Una imagen, una historia, un personaje, es simbólico cuando nos introduce en una senda que está más allá de su apariencia o significado inmediato. Más allá de los sentidos físicos y de la lógica común del raciocinio. Hay que traspasar la apariencia formal, la realidad sensible y penetrar en su profundo contenido. El nivel de asimilación del símbolo depende del nivel de conciencia del sujeto que lo percibe. No hay un significado único, sus planos de significado son múltiples, el mensaje del mito no es exclusivo y fijo, cuando el individuo lo hace suyo se convierte en un mensaje personal y hasta cierto punto indescriptible. Una palabra, una imagen, una historia, un mito, es un símbolo cuya representación interna y su significado depende de cada persona, o más bien, del nivel de conciencia con el que es captado. De ahí la famosa frase colocada en el frontispicio del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”, porque sin la capacidad de autoconocimiento, sin un estado consciente, la interpretación del oráculo se hacía imposible o resultaba errónea.

Cada dios, héroe, criatura mitológica, acontecimiento o historia tienen una transposición interna y transmiten una enseñanza universal. Por ejemplo, por mencionar uno de los patrones más conocidos: la aventura del héroe. El modelo esencial es siempre el mismo: Una separación del mundo cotidiano, un camino probatorio, un acercamiento hacia una fuerza de poder y un regreso a la vida para vivirla con más sentido y sabiduría. Es decir, es el prototipo de la senda interior de transformación. Por ello, la mitología es un instrumento de ayuda en nuestra vida psicológica, cotidiana y espiritual.

El mito alude a realidades internas, puede ser percibido y vivido como una experiencia interior. Intuición y Mente Superior son los instrumentos para su comprensión. La mitología establece una conexión con esferas, ideas y energías más sutiles que lo puramente físico. Por ello no puede ser asimilada solamente en el nivel más material, más perceptible. Sólo se muestra ante aquellos que han seguido la senda interior. Entonces, dioses y diosas se transforman en caminos hacia nosotros mismos que nos revelan facetas de nuestro ser que de otro modo no serían perceptibles. Pero su función va aún más allá, porque cada vez que identificamos en nuestro mundo psicológico la energía propia de un dios o diosa, éstos, de inmediato, nos muestran el modo de superarnos, de elevarnos y trascender las energías más densas y problemáticas para establecer los tipos superiores del arquetipo.

La palabra arquetipo está formada por dos raíces griegas: "arche", que significa origen, principio, fuente, y "tipos", que significa modelo o patrón. Un arquetipo es el patrón ejemplar del cual derivan todos los objetos y cosas existentes y que puedan existir, entendiendo por objeto no solamente lo material, sino cualquier tipo de composición energética. Para los griegos antiguos esta idea era muy familiar, sobre todo para aquellos que estaban más en contacto con la filosofía platónica, la cual se basa en un mundo ideal, el mundo de las Ideas. Las ideas platónicas son arquetipos espirituales que en mayor o menor medida impregnan y conforman la realidad y de los cuales deriva todo lo existente.

En la época más moderna fue el psicólogo Carl Gustav Jung quien puso de actualidad la idea de arquetipo, introduciendo a partir de los años treinta del siglo pasado el modelo arquetípico de la psicología. Según Jung, además del "yo" y el "inconsciente personal", existe lo que llamó "el inconsciente colectivo", una especie de herencia colectiva, un conocimiento con el que todos nacemos y compartimos que configura e influye sobre vivencias y experiencias individuales, formas de ser, formas de comportarnos, de interpretar el mundo, formas de reaccionar, formas de vivir. Jung llamó arquetipos o "imágenes primordiales" a los contenidos del inconsciente. En este sentido, y de forma muy resumida, se puede decir que un arquetipo es una tendencia innata a experimentar las cosas de una determinada manera. Es un "principio organizador" sobre la forma de captar la realidad y reaccionar ante la misma.

En cuanto a los dioses y diosas griegos, nos interesan los dos niveles básicos en los que su energía se desarrolla: el macrocosmos y el microcosmos. Si hablamos de arquetipos es inevitable referirnos a estos dos planos. Desarrollamos en este libro los arquetipos base, es decir, los macrocósmicos, ello nos ayudará a descubrir todas las características, las circunstancias, las atracciones, los puntos de vista que en nosotros están más activos y que, seguramente conforman uno o varios arquetipos. Dado que el ser humano es un reflejo del macrocosmos, esto significa que en nuestro interior o microcosmos habitan esas energías arquetípicas, culturales y espirituales.

No hay un significado único para cada arquetipo. Cada uno de ellos y sus símbolos, tendrá un significado diferente para cada uno de nosotros; es más, su mensaje será distinto dependiendo de la época de la vida que estemos atravesando.

Normalmente se diferencian dos tipos de arquetipos: los de los dioses y los de las diosas. Hay una tendencia a aplicar los arquetipos de dioses a los hombres y los de diosas a mujeres. Creemos que no se puede establecer esta diferenciación de forma drástica. Los arquetipos de diosas corresponden al modo femenino de ver el mundo. Son una diversificación de un principio cósmico único, con sus cualidades, potencialidades y debilidades. Lo mismo se puede decir de los arquetipos masculinos. En definitiva, ambos son las dos vertientes de una energía primigenia. Como se puede comprobar con la observación y análisis psicológico propios, dentro de cada mujer existen arquetipos masculinos y dentro de cada hombre arquetipos femeninos, por lo tanto, unos y otros van a ser de aplicación a ambos. Así pues, aunque es natural que una mujer, por su propia energía, suela activar principalmente una serie de arquetipos femeninos y un hombre los masculinos, realmente podemos decir que cada arquetipo existe dentro de cada ser humano.

Ahora bien, aunque dentro de nosotros se hallan todos los arquetipos de los dioses y las diosas, se encuentran en un estado potencial, pues solamente algunos de ellos están activados. Activamos uno u otro dependiendo de las circunstancias que nos toque vivir, de nuestra propia forma de ser y, más internamente, dependiendo del tipo de "material espiritual" del que esté formado nuestra conciencia.

La mayoría de las veces que se han estudiado los arquetipos, éstos se rebajan a un nivel demasiado humano, meramente psicológico, entendiendo por tal el nivel más denso de nuestra psicología. Está claro que también es necesario que este plano sea estudiado y comprendido, pero no nos limitaremos a él. Estudiaremos el ámbito psicológico más básico porque es el principio del autoconocimiento, la parte más visible de la psique, el material básico para empezar a trabajar, pero no nos vamos a olvidar del aspecto más interno o espiritual, porque éste es la fuente de la que deriva todo lo demás. Si perdemos la conexión con ese espíritu, energía vibrante de la cual deriva todo lo existente e incluso nosotros mismos, estaremos perdiendo la conexión con nuestra conciencia, con nuestro ser espiritual interno.

La intención de este libro es transitar la senda de la mitología de los dioses y diosas griegos, conectar con la profundidad de estas energías que generan arquetipos y conforman la psicología de cada persona. Comprender la mitología es comprender el reflejo que produce el arquetipo en el espejo de nuestro yo. Vistos a la luz del mito, podemos resolver el enigma de ciertos pensamientos, sentimientos o actitudes, o comprenderlos a un nivel más profundo. La versatilidad de la mitología griega hace posible que cada persona reconozca sus propias experiencias y características, trazando el sendero hacia su verdadero ser interior y, si así lo anhela, le posibilita también para transitar la senda del desarrollo álmico o espiritual.



*******

LOS DIOSES QUE SE REPARTIERON EL MUNDO

El mito no solamente nos muestra arquetipos a través de dioses, diosas y héroes. Cada suceso fundamental que se desarrolla en el espacio mítico tiene una proyección arquetípica en nuestro mundo psicológico. Por ello, antes de entrar en los primeros arquetipos, vamos a ver cómo los dioses se repartieron el mundo. Tiene trascendencia el tema, porque ese reparto cósmico, es el reparto de nuestro propio mundo psicológico, del microcosmos hombre.

Nos remontamos a una época mitológica en la que tuvo lugar la formación de todo lo existente y lo haremos de la mano de Hesíodo, quien en su "Teogonía" nos dice: "Ante todo existió el Caos. Después la Tierra (Gea), de ancho pecho, morada perenne y segura de los seres vivientes… y Eros, el más bello de los dioses inmortales…". Caos significa "vacío abierto sin límites". No se trata de un "vacío" donde no hay nada, sino un Vacío que es fuerza y matriz del mundo. Eros es la fuerza del Amor que en varias versiones de la creación del mundo aparece como la energía fecundadora. Nos sigue diciendo Hesíodo "La Tierra parió un ser de igual extensión que ella, el Cielo estrellado" (Urano). De la unión del Cielo y la Tierra surgen diferentes seres, entre los que destaca la estirpe de los titanes. Cronos fue el titán que llegó a dominar el mundo y lo consiguió después de castrar y destronar a su padre Urano. Una profecía le advirtió que uno de sus hijos le destronaría a su vez. Por ello decidió engullir a cada uno de los hijos que su esposa Rea iba pariendo hasta que le tocó el turno a Zeus. Rea le salvó ideando una treta. Dio a Cronos una piedra en lugar del recién nacido y así Zeus fue salvado. Rea protegió la infancia del pequeño dios manteniéndolo oculto en una caverna de Creta confiado a las Ninfas.

Cuando creció pensó en destronar a su padre. Astutamente, consiguió que ingiriera un brebaje que forzó a Cronos a vomitar a los hijos que había devorado. Zeus recuperó así a sus hermanos y encabezó una rebelión contra Cronos. Los Titanes se pusieron de parte de Cronos en su mayoría. Por su parte, Zeus, mediante alianzas, consiguió que los poderosos Gigantes, los Cíclopes y los Hecatonquiros (seres con cien brazos) se pusieran de su lado, y finalmente, después de duras batallas, consiguió destronar a su padre.

Brevemente hemos resumido la "Titantomaquia" o guerra de los Titanes que tantas veces fue representada en el arte griego. La revolución celeste que Zeus había provocado expulsó del poder a la generación primordial de dioses e instaló en su lugar a los primeros Olímpicos, también llamados Crónidas por ser hijos de Cronos. Zeus era ahora el nuevo soberano. Los tres primeros miembros de esta descendencia habían sido mujeres: Hestia, Deméter y Hera; después vinieron tres varones: Hades, Poseidón y Zeus. A cada una de las diosas se le concedió dones y atribuciones que iremos viendo cuando tratemos sus arquetipos.

En cuanto a los tres dioses, la mitología nos dice que el Destino decidió mediante sorteo la parte del "mundo" que a cada uno correspondería. Así los tres hermanos se repartieron el mundo: Zeus recibió el Cielo y según algunas versiones también la tierra; Poseidón obtuvo el dominio sobre los mares y las aguas, pero también tenía cierta autoridad sobre aspectos terrestres; y Hades se convirtió en el señor del mundo subterráneo, el inframundo o mundo de los muertos. No fue un reparto totalmente igualitario porque a Zeus le correspondió ser el soberano de todos los demás.

Cada uno de los tres dioses había recibido de los Cíclopes un objeto que representaba su poder. A Zeus le fue dado el relámpago y el rayo, a Hades un casco mágico que hacía invisible a cualquiera que lo llevara, y a Poseidón un tridente que le servía para sacudir violentamente la tierra y los mares.

Cuando estudiemos los arquetipos concretos de cada uno de estos dioses, veremos el significado de estos atributos que son proyecciones de la propia naturaleza de cada dios.

Zeus ordenó encerrar a los Titanes desleales en el Tártaro, que era la región más tenebrosa y profunda del Inframundo. Los pocos que habían permanecido a su lado en la lucha y las Titánides permanecieron junto a los dioses.

Los tres mundos en la psique humana

Por "mundos" en este caso entenderemos las distintas dimensiones internas formadas por diferentes tipos de energía con manifestaciones también distintas. Cada uno de los tres grandes dioses olímpicos configura una dimensión psicológica, de tal modo que se manifiestan en distintas esferas: Zeus es la razón, el orden, el intelecto; Poseidón, el mundo emocional y los sentimientos; Hades, el infraconsciente.

Estos tres dioses, como arquetipos, son considerados como los dioses-padres y de ellos procederán en su mayoría, el resto de los dioses olímpicos y sus arquetipos. Por ello, tienen la característica muy especial de delimitar el mundo interno del hombre y de la mujer, de expresar las distintas energías que operan en él y sus características. Son los tres arquetipos que dominan sus respectivos reinos. Zeus desde el Olimpo, la parte más elevada; Poseidón desde la profundidad de las aguas, nuestro mundo emocional; y Hades desde el reino subterráneo, el subconsciente.

Zeus, Poseidón y Hades no son solamente arquetipos individuales que proporcionan características concretas a ciertas personas que los tienen activos. Son además tres tipos diferentes de energía que cada uno llevamos dentro y que nos forman y moldean.

Zeus, como la parte intelectual, está condicionado por el tipo de energía mental que cada persona genere y es susceptible de ser desarrollado y trabajado. Es la energía luminosa si es conectada a lo consciente, pero también puede convertirse en una fuerza puramente destructiva al servicio del ego más denso.

Poseidón, el mundo de las emociones, está representando fundamentalmente la energía emocional sumergida, potente y capaz de irrumpir en la superficie de forma incontrolada y abrupta, a semejanza del dios que a golpe de tridente genera tempestades marinas y terremotos.

Hades, el subconsciente, es la zona más misteriosa y oscura de nuestro ser, donde residen aquellas energías que raramente se manifiestan en la superficie psicológica. Por esa razón tiene como atributo el casco de la invisibilidad. Hades es el reflejo de Zeus en la parte invisible de nuestro mundo psicológico.

Hay que resaltar que en la mitología, tanto Zeus como Poseidón hacen incursiones frecuentemente a la dimensión terrestre, "la tierra" o plano evidente de la realidad, donde se desarrolla nuestra vida cotidiana. Este plano es compartido entre Zeus y Poseidón. Por el contrario, Hades en raras ocasiones sale de su reino del Más Allá. La más importante fue cuando se hizo presente en la tierra para raptar a Perséfone y hacerla reina del inframundo.

Traduciendo lo anterior al lenguaje psicológico, vemos como tanto el aspecto intelectual como el emocional de cada ser humano se hacen perceptibles en la dimensión cotidiana de la realidad con mayor o menor intensidad, dependiendo de las características personales. Sin que nosotros hagamos nada por conseguirlo, pensamientos y emociones afloran a la superficie psicológica. Sin embargo, lo infraconsciente, en raras ocasiones aflora.

En esta visión energética interior, Poseidón es el plano intermedio que puede proyectarse hacia "arriba" (desde el fondo del mar psicológico), en cuyo caso las emociones se harán perceptibles y pueden manifestarse como un impulso imparable difícil de controlar. Son las terribles tempestades marinas que provoca Poseidón, los terremotos y los volcanes en plena erupción. Estas eran principalmente las tres formas en las que el dios manifestaba su ira a humanos, héroes e incluso en algunas ocasiones a otros dioses. En todos los casos, son energías violentas que encuentran salida hacia el exterior. Hay otra parte de las emociones más profundas que está en contacto con Hades, e incluso moran en su reino subconsciente. Es allí donde el héroe desciende para ir a su encuentro e iluminarlas con la luz de la conciencia.

Poseidón, no sólo provoca tempestades, también tiene el poder de calmar las embravecidas olas y procurar una travesía serena y tranquila. Este es el Poseidón resultado de un trabajo interior con el mundo emocional, la emoción sublimada y pacificada que alimenta un centro emocional equilibrado y creativo. En estos casos, la persona disfruta en su vida de un entorno emocional sereno, afable y fértil.

En cuanto a Hades, el poderoso Señor del mundo de los muertos, es el "mundo de abajo", el doble oscuro de Zeus, que es el dios que gobierna el cielo luminoso. El descenso a nuestro Hades interior es un viaje imprescindible para todo aquél que anhele expandir su conciencia. De la bajada al infraconsciente se puede retornar al mundo de "arriba" más luminoso y más sabio, porque es conocido que no se puede ascender sin haber primero descendido. En el mundo de Hades se encuentra la semilla de la vida que florecerá en su momento, surgirá a la superficie y vivirá bajo la luz del sol. El mito nos muestra una aparente paradoja: la Luz se extrae de lo más oscuro. Dioses y héroes bajan, descienden al Hades, entran en la oscuridad más profunda, para rescatar a su propia Luz, adquirir sabiduría y hacer consciente lo inconsciente. Este tema se desarrollará más ampliamente cuando estudiemos los arquetipos de Deméter-Perséfone.



*******

ZEUS, EL PADRE CELESTIAL Y TERRENAL

La Razón, el Orden y el Intelecto

Zeus, Júpiter para los romanos, es una energía que cada uno de nosotros tendría que integrar, aun no teniéndolo como arquetipo activo, según nuestra propia forma de ser y características personales. Es el dios que engloba todo en su seno, el que administra justicia y también el benevolente. Representa energías relacionadas con el Orden, la Justicia y la Jerarquía, en contraposición con las fuerzas del desorden y la naturaleza violenta representadas por los Titanes.

Arquetipo del Padre celestial y terrenal.

Zeus es un arquetipo de poder y dominio. Considerado el Padre celestial, es decir, espiritual y también terrenal, era el más grande y poderoso de todos los dioses griegos, el soberano de dioses y hombres que reina en las alturas luminosas del Cielo y que gobernaba desde el monte Olimpo, una montaña alta y distante cuyas escarpadas alturas a menudo se encuentran cubiertas por las nubes que se reúnen allí. Ya se ha visto que cuando él y sus hermanos, Poseidón y Hades, se repartieron el mundo, Zeus recibió el cielo, la dimensión más espiritual.

Zeus provoca la lluvia, lanza el rayo y el relámpago y mantiene el orden y la justicia en el mundo. Vela por el mantenimiento de los juramentos y por el respeto de los deberes de hospitalidad. Su poder no sólo se extiende a los hombres, sino al resto de los dioses.

En la comunidad humana es garante del orden y la justicia. Según recoge Hesíodo en sus obras la "Teogonía" y "Los trabajos y los días", Zeus es el modelo para los reyes y magistrados de las ciudades griegas que administran el poder en virtud de su sabiduría y justicia. Si no siguen este modelo de Zeus y se dejan llevar por la ambición y la imparcialidad, llevarán a la ciudad del orden al caos, provocando la reacción justa de Zeus.

Este dios es el dispensador de bienes y males. Homero cuenta en la Ilíada que en la puerta de su palacio hay dos jarras, una de las cuales contiene los bienes, y la otra, los males. En general, Zeus saca alternativamente el contenido de una y otra; pero a veces extrae exclusivamente el de una de las dos, y entonces el destino resultante es unas veces completamente bueno, y otras veces completamente malo.

Como dios supremo tenía dos facetas que se van a ver reflejadas en el arquetipo: por una parte, la faceta protectora y generadora, pues era el protector, el que protegía y amparaba a todas las criaturas, y también generaba, es decir era el principio creador. Por otra parte, tenía su faceta punitiva, era el dios que castigaba. Tanto si era punitivo como generativo, el poder de Zeus solía manifestarse siempre de forma grandiosa, desde arriba y a distancia.

Otra característica de Zeus es que practicaba con gran habilidad la estrategia, y formaba alianzas con las cuales, por ejemplo, consiguió derrotar a los titanes, estableciendo y consolidando su poder. Pero lo más importante es que lograba imponer su voluntad a los demás, y esta va a ser una característica del arquetipo de Zeus, la voluntad y la imposición de su voluntad a aquellos que le rodean.

Fue considerado el padre de los dioses y de los hombres, superior y más fuerte que todos. El trueno, el relámpago y el rayo eran sus armas, junto con el águila y el cetro, el símbolo de su poder. Zeus es una potencia universal y su culto se extendía por toda Grecia, destacando la ciudad (y oráculo) de Dodona, y la de Olimpia, donde se celebraban los juegos en su honor.

Genealogía y mitología

En la mayoría de los arquetipos haremos mención de forma sintética a la genealogía y a los mitos que rodean al dios o diosa, en la medida en que ello nos va a ayudar a comprender ese arquetipo.

En el caso de Zeus nos remitimos a lo dicho en el apartado anterior sobre el reparto del mundo.

Como hemos mencionado, Zeus era el dios del relámpago, y su símbolo, además del águila, era el rayo, la energía celeste que se hace manifiesta en la tierra e incluso en algunos humanos. En la antigüedad, las personas que habían sido tocadas por el rayo y se habían salvado, eran consideradas personas muy especiales porque se creía que en ellas se había impuesto la mano de lo divino, la huella de la divinidad. Como portador de la lluvia, también proporcionaba la energía que fecunda la tierra, así como los frutos y todo lo que necesitan para crecer.

El águila viene a significar la mirada que es capaz de percibir desde las alturas un panorama amplio, abarcando distintos aspectos de la realidad.

En las personas que tienen este arquetipo de Zeus, tienen esta característica psicológica de visión en conjunto sin perderse en los detalles.

Uniones de Zeus

Zeus se unió con diferentes deidades femeninas, ninfas y mujeres mortales a través de las cuales engendró la aristocracia divina, la mayoría de los dioses de la segunda generación de los olímpicos, así como varios semidioses.

Las uniones fundamentales de Zeus corresponden a aspectos que debía encarnar o incorporar a sí mismo para ensanchar su esfera de acción. O bien, eran las fuerzas necesarias para el nacimiento de una tercera, que en muchas ocasiones se concretaba en el nacimiento de un nuevo dios como los casos de Hermes, Ares, Dionisos, Apolo, Artemisa, Atenea, Perséfone, etc. También fue padre de semidioses como Hércules o Perseo.

Estas uniones que nos relata la mitología, que en realidad representan la incorporación de energías en el interior de Zeus, constituyen el ámbito en el que habría que trabajar como vías para desarrollar el arquetipo en niveles superiores. Por ello, es conveniente que no veamos este tema solamente en el ámbito mitológico, sino también y fundamentalmente en el plano psicológico y espiritual.

Hesíodo enumera siete consortes oficiales, matrimonios en serie que concluyeron con Hera. Fueron Metis (la madre de Atenea), la sabia y prudente; Temis, diosa de la justicia, Eurínome, Deméter (madre de Perséfone), Mnemósine, Leto y Hera.

Además, de la unión de Zeus con una mortal, Sémele, nació el dios Dionisos, según veremos en el arquetipo correspondiente.

Vamos a analizar brevemente cada una de estas energías mediante las cuales Zeus se completó a sí mismo y que representan vías de desarrollo para el arquetipo humano.

Metis: Llamada "la prudente", "la sabia". Representa por lo tanto la prudencia y la sabiduría así como la inteligencia práctica. Zeus se unió a Metis en unas bodas celestes a las cuales asistieron todas las deidades que existían hasta ese momento. Zeus fue alertado por Gea y Urano de que un hijo nacido de esta unión le derrocaría como soberano de dioses y mortales. Entonces, engulló a Metis cuando ésta había quedado embarazada de la diosa Atenea. Así, llegado el momento del nacimiento de Atenea, Zeus sintió un fuerte dolor de cabeza y llamó a Hefesto para que con su hacha le abriera la frente y pudiera salir al exterior la diosa Atenea. Esta deidad nació directamente de la cabeza de su padre Zeus. La simbología de este relato resulta evidente y profunda. Zeus, tragándose a Metis, incorpora a sí mismo su prudencia y saber, toma posesión del conocimiento que ella representa. El fruto madura en su interior hasta que de su misma cabeza nace la diosa de la Sabiduría, Atenea, que viene al mundo como una doncella bellísima armada con su lanza, casco y armadura. Este proceso es el nacimiento de la Sabiduría a través del intelecto. Primero se incorpora esta energía, se gesta, se ayuda a que se forme y luego se le da nacimiento a través de la frente, es decir, a través del centro intelectual. El arquetipo de Atenea representa una de las de las vías de desarrollo del arquetipo de Zeus como veremos más adelante.

Temis: Según Hesíodo era una de las seis hermanas hijas de Gea y Urano, es decir una titánida. Era una diosa antiquísima que encarnaba el orden divino, las leyes universales, la Justica divina y universal y era la base del orden en el Olimpo. Representa otro aspecto de la soberanía de Zeus y una necesidad del arquetipo (para equilibrarse) de desarrollar en sí mismo la equidad y la justicia, así como el orden, para que esta cualidad pueda proyectarse en su vida. Fruto de esta unión fue Astrea, en griego Astrapea, de donde viene la palabra relámpago en el idioma helénico.

Astrea era la diosa virgen que llevaba los rayos de Zeus en sus brazos. También se la consideraba representante de la justicia en el mundo de los hombres, mientras su madre Temis lo era en el mundo de los dioses. Ambas son confundidas con frecuencia. Astrea/Temis fue la última inmortal que vivió entre los humanos en la Edad de oro, abandonando la dimensión terrena cuando el género humano comenzó a degenerar, entonces se trasladó para vivir para siempre en el Olimpo.

También de la unión de Zeus con Temis nacen las Horas. Originalmente eran personificaciones del orden de la naturaleza y de las estaciones, más tarde se consideraron diosas del orden en general y de la justicia. Es curioso como esta palabra ha degenerado hasta convertirse en una medición del tiempo, sin embargo, originariamente encerraban un principio ordenador de la naturaleza. Según Homero, fomentaban la fertilidad de la tierra rigiendo el clima y las estaciones. En sus funciones siempre estaban sometidas a Zeus. La palabra fue aplicada mucho más tarde para designar el paso del tiempo, por la unión que tiene el tiempo con la sucesión de las estaciones, cuyo ciclo era regido en la antigüedad por las Horas.

Sus nombres, según Hesíodo, eran: Eunomia, "buen orden"; Dice (Diki) "justicia" unida a la justicia humana mientras, como hemos señalado, su madre, Temis, era la justicia divina; y la tercera de las Horas era Irene (Paz), personificación de la paz y la riqueza.

Según algunos autores, las tres Moiras o Parcas, las que rigen el destino, también fueron fruto de esa unión.

La unión de Zeus con Temis tiene un profundo simbolismo y representa la encarnación del Orden Eterno y de la Ley, aspectos que Zeus convierte en parte de sí mismo.

Eurínome: Según Hesíodo, es una oceánida (hija del Océano) y fue madre con Zeus de las tres Gracias. Su nombre significa "amplio gobierno". Las Gracias (Carites, Charites) personificaban el encanto, belleza, creatividad humana y fertilidad. Sus nombres son Aglaya, que significa belleza; Eufrosine, alegría, y Talia, la floreciente. Según Homero, formaban parte del séquito de Afrodita. Sus fiestas eran llamadas las Charistía, que viene a significar acción de gracias y de donde procede la palabra eucaristía. En ellas se comía tortas de miel en su honor.

Una unión muy importante de Zeus fue la que tuvo lugar con Deméter, que era su hermana, y de esta unión nació Perséfone, que, según veremos, llegará a convertirse en reina del inframundo. Deméter a través de su hija era la energía que unía el mundo de Zeus con el inframundo o mundo subterráneo, y también con el aspecto de la tierra fértil que la misma Deméter simboliza. Zeus, como rey del Olimpo, se ve obligado a establecer una unión con el mundo del Más Allá. Esta unión está pues representada por la hija de ambos, de Zeus que es el mismo Cielo y de Deméter que es la misma Tierra. Si lo aplicamos a la faceta espiritual y psíquica del arquetipo de Zeus, comprenderemos la necesidad de unir en su universo interno los distintos planos energéticos: Cielo, Tierra e Inframundo. Estos son los tres niveles en los que se desarrolla la psique humana. No mencionamos nada más sobre Deméter y Perséfone ya que constituyen arquetipos por sí mismas y serán desarrollados más adelante.

Mnemosine: Era la personificación de la memoria, una titánida hija de Gea y Urano, una energía antiquísima. De su unión con Zeus surgieron las Musas, diosas de la música y la poesía, así como de la inspiración en la palabra y las artes. Cada una de las musas corresponde a una actividad diferente del espíritu humano. De este modo, Zeus en su camino hacia el Ser completo genera las energías de la inspiración, el arte y la imaginación consciente.

Leto, junto con su hermana Asteria, fue venerada como diosa de la noche y alternativamente de la luz del día. De su unión con Zeus nacieron los gemelos sagrados, los dioses Apolo y Artemisa identificados con el Sol y la Luna, es decir, nuevamente nos encontramos con la Luz del día y la Luz de la noche.

Por último, Zeus se unió con Hera, la gran madre de dioses y hombres. Según Hesíodo, ésta fue una boda sagrada. Zeus y Hera están representando los dos principios básicos del universo y las dos energías básicas de nuestro mundo psicológico, de nuestro universo interior, de nuestro microcosmos. Zeus, como principio masculino es activo y creador. Hera como el principio femenino es lo receptivo, intuitivo y protector. Hera fue según Hesíodo la última esposa de Zeus y la esposa oficial. Era la más augusta de las diosas griegas, y asimismo hermana del dios, y su figura será desarrollada en un arquetipo aparte. De esta unión nació el dios Ares.

Además de las mencionadas, Zeus se unió en muchas más ocasiones, siendo numerosa su progenie, entre la que se encuentran muchos de los héroes mitológicos.

El Arquetipo

Veamos a continuación algunas de las características psicológicas que definen al arquetipo.

Valores que el arquetipo exalta: Zeus es el arquetipo más ensalzado en nuestra sociedad, el patrón predominante y más aplaudido porque es la imagen del triunfador, el inteligente y el hábil en sus tratos y alianzas. También porque es el que impone su voluntad, y el que triunfa. El hombre o la mujer que tengan activo el arquetipo Zeus son líderes natos.

Los valores que exalta el arquetipo se pueden resumir del siguiente modo: la voluntad y control de quienes están en su entorno, el raciocinio por encima de la emoción, y la capacidad de decisión. En la época actual, estas cualidades se colocan por encima de las demás.

El rey y su reino

Zeus es arquetipo del rey por excelencia. Esta característica conlleva la necesidad de establecer un reino, un ámbito sobre el cual dominar. Su reino puede crearse en diferentes ámbitos: social, familiar, profesional, o puramente personal en lo que respecta a sus relaciones.

Zeus, el dios, tuvo la ambición y la capacidad de instaurar un reino sobre el que estableció su autoridad. Este impulso de presidir sobre el propio territorio es un instinto primordial de este arquetipo, que modela a hombres y mujeres para ser y comportarse como Zeus. Es decir, necesitan generar un reino sobre el cual imponerse. Cuando el arquetipo predominante es Zeus, esta necesidad funciona como la fuerza motriz que les impulsa en la vida.


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-19 show above.)